La escena contemporánea del branding porteño desciende del rigor de la señalética cívica de Ronald Shakespear y la continúan estudios como Asís. La estética es intransigente: una tipografía grotesca negra y segura sobre un papel gris claro sin estucar y cálido, disciplinada a un único color de acento: el bermellón argentino.
Retículas columnares de influencia suiza, titulares grandes alineados a la izquierda, un generoso espacio en blanco y marcas dingbat a modo de puntuación definen su voz. Sin degradados, sin sombras, sin decoración: solo una estructura editorial plana y el atrevimiento de dejar el campo gris vacío.