La arquitectura vernácula de las Cícladas griegas se construye con revoco de cal apagada aplicado a mano sobre mampostería áspera, blanqueado cada año por higiene y por la luz que refleja. Su firma es la cúpula azul de alto contraste sobre muro blanco bajo el duro sol del Egeo. Aquí el fondo no es blanco liso, sino el cobalto saturado de las cúpulas, el mar profundo y el cielo; el revoco blanco se vuelve acento, no campo.
Volúmenes cúbicos blancos, cúpulas abovedadas, arcos redondeados y persianas azules profundas llevan el sistema. El espacio negativo generoso, la alta reflectividad y las sombras proyectadas nítidas le dan peso. Es una tradición insular anterior a 1900 —serena, epigráfica y aplicada a mano—, no una paleta de resort moderno.