El biopunk tomó el argumento del cyberpunk y lo trasladó al interior de la piel. Donde antes había una consola, ahora hay una mesa de laboratorio; donde antes había un implante, ahora hay un matraz de cultivo. Vacuum Flowers, de Michael Swanwick, le dio al género su palabra —wetware— y los laboratorios DIYbio que vinieron después le dieron un aspecto real que documentar.
Así que este sistema está documentado, no inventado. Fondos casi negros con un matiz verdoso, los verdes y cianes de la GFP y un transiluminador, el rosa del medio fresco de rojo fenol que se vuelve ámbar al acidificarse. La luz sale del contenido, nunca cae desde arriba.