Andy Warhol convirtió el pasillo del supermercado en muro de galería. Desde The Factory en Manhattan, serigrafió latas de sopa, celebridades y cajas Brillo como iconos de la cultura estadounidense de posguerra, demostrando que el arte podía producirse en masa, ser plano, ruidoso y profundo.
Este sistema captura esa planitud democrática mediante bloques muy saturados, desfases deliberados de registro y repetición en retícula de retratos. Es el lenguaje de la celebridad consumista, el logotipo como arte y la serigrafía que aún resuena en carteles y portadas.