El Estilo Tipográfico Internacional surgió en Zúrich y Basilea durante los años cincuenta como compromiso radical con la objetividad: la información debía comunicar mediante estructura, no decoración. Retículas matemáticas, letras sin remate, composición asimétrica y uso disciplinado del blanco formaron el vocabulario de toda una generación de diseño corporativo y editorial.
Su influencia es inevitable, desde la identidad de Lufthansa hasta la señalización del metro de Nueva York. Sus principios —jerarquía por escala y peso, no ornamento— siguen siendo el cimiento del diseño moderno de interfaces y publicaciones.