El pequeño logo más estridente de la historia del rock: una lengua roja y húmeda colgando entre dos gruesos labios escarlata, un contorno negro y nada más. John Pasche lo dibujó para Mick Jagger en 1970, y llegó al mundo en la funda interior de Sticky Fingers en 1971. Nunca ha parecido anticuado.
Todo el sistema nace de ese único gesto: una salpicadura bermellón obscena y sonriente que flota sobre un blanco rotundo o se estrella contra el negro, ampliada hasta resultar insolente y recortada hasta convertirse en patrón. Desparpajo plano de arte pop con un toque de mueca antisistema: sin degradados ni brillo, solo tinta segura de sí misma haciendo todo el ruido.