Redline (2009) es la película animada de carreras que Takeshi Koike realizó durante siete años para el estudio Madhouse, dibujada a mano en más de 100.000 acetatos y sin ayuda de gráficos por ordenador. Su lenguaje visual fusiona las líneas decorativas de los hot rods estadounidenses y los gráficos de carteles de arte pop con la psicodelia cruda de los volantes de conciertos de rock de los años setenta, todo resuelto con rellenos fluorescentes planos, como serigrafiados, contenidos por duros contornos negros. Cada fotograma se asienta sobre un fondo negro como la tinta, nunca sobre un blanco de estudio neutro: la sombra se trata como masa, no como degradado, y el rojo de carreras y el amarillo cromado estallan contra él como tinta de cartel bajo luz negra. El resultado es una estética maximalista, cinética y guiada por diagonales, hecha para la velocidad, el impacto y una sobresaturación sin disculpas.