El inconfundible rosa saturado de Pepto-Bismol permanece en botiquines desde 1901. El tono —chicle cálido con matiz coral, nunca magenta— es inseparable del líquido calcáreo, uno de esos raros casos donde el color del producto ES la marca.
Este sistema canaliza esa calidez farmacéutica centenaria: curvas en forma de píldora, tipografía serif de etiqueta, superficies blancas de receta flotando sobre un campo rosa a sangre y el reconfortante vocabulario visual de estanterías antiguas de farmacia estadounidense.