Op Art convirtió la propia percepción en medio. En los años sesenta, las franjas monocromas ondulantes de Bridget Riley y los cubos imposibles de Victor Vasarely demostraron que la geometría pura podía hacer vibrar y moverse una imagen estática. La exposición The Responsive Eye del MoMA en 1965 cristalizó el movimiento como lenguaje mundial.
El sistema hereda esa disciplina: máximo contraste entre negro y blanco, bordes duros, ningún redondeo, superficies planas y retículas matemáticas. El color entra solo como señal —los primarios de Vasarely—, nunca como decoración. Cada línea está calculada; nada se dibuja a mano.