El medio siglo de pintura de Claude Monet —desde el puerto brumoso de Impresión, sol naciente hasta los monumentales Nenúfares de Giverny— definió el impresionismo como el arte de capturar la luz transitoria sobre un tema, no el tema mismo. Este sistema de diseño traduce su paleta de pasteles lavados, sus texturas de pinceladas moteadas y sus suaves curvas de jardín en un lenguaje de interfaz cálido y editorial apropiado para la narración cultural.
La paleta procede de los motivos recurrentes de Monet: rosa amanecer, lavanda glicinia, reflejos jade de estanque, luz crema mantequilla y atmósfera azul cielo, todo plasmado con la suavidad de bajo contraste y plein air que distingue al impresionismo de cualquier otro movimiento pictórico occidental.