Milka es una de esas raras marcas en las que el color es el logotipo. Cuando Suchard fusionó leche y cacao en una sola palabra en 1901, también empezó a afianzar un único lila con tanta fuerza que hoy el morado se lee como «chocolate» antes de trazar una sola letra. Este sistema habita esa idea: un velo lila, blancos de nieve alpina, un verde fresco de pradera y una voz redondeada, más montada que impresa. Cada superficie debe sentirse como el interior de un envoltorio de aluminio: lisa, mate, generosamente redondeada e imposiblemente suave. Los pastos ondulantes de Suiza, una cumbre nevada y suaves manchas de vaca cuentan la historia. Suave como al derretirse, fresca como la montaña y morada hasta la última miga.