El hei-tiki es un colgante tallado de nefrita que los Māori de Aotearoa New Zealand llevan al cuello y que se pule a mano a partir de la piedra verde extraída de los ríos y las montañas de Te Wai Pounamu. La variedad más oscura, Kawakawa, es una piedra que va del verde esmeralda a casi el negro y está salpicada de sombras; se desgasta con paciencia en vez de tallarse con facetas, por lo que su forma tiene hombros suaves y solo los bordes se vuelven translúcidos con la luz. Tradicionalmente, los ojos se incrustaban con concha de abulón; tras el contacto con los europeos, la cera roja de sellar se convirtió en un sustituto habitual, un pequeño acento extranjero sobre una forma ancestral. Transmitido de generación en generación como un tesoro, el hei-tiki absorbía la fuerza espiritual de quienes lo llevaban, y su piedra se oscurecía mientras su pulido se hacía más profundo con los años y el tacto.