Māori Volcanic Stone se expresa en el auténtico gris carbón del propio basalto: la lava de Ōnewa, densa y de grano fino, que los artesanos Māori pulían hasta alisarla para convertirla en hachas de piedra y azuelas. El fondo es piedra oscura trabajada, no una pared de museo.
El sistema se mantiene en un basalto monocromo, interrumpido solo por el tono tostado apagado del lino y la madera del mango sujeto con ligaduras, y por el verde profundo del jade. Sólido, rotundo y hecho a mano: las superficies son de piedra natural pulida, con un lustre palpable, jamás de plástico brillante ni de cromo.