Kill Bill convierte una película de venganza en un lenguaje de diseño: el chándal amarillo cromo de la Novia con su única franja lateral negra, el brillo frío del acero de la katana y la tipografía maciza que llena la pantalla como una tarjeta de cine de explotación de los años setenta. Todo es plano, saturado y de alto contraste: sin degradados en el campo, sin piedad en el espaciado.
La página se divide en capítulos como la película: actos numerados, cortes secos entre amarillo de sirena y negro de grindhouse, separadores de acero cepillado trazados como una hoja y una única salpicadura arterial del rojo de Crazy 88. Es un sistema construido con líneas rectas y volumen al máximo: la lógica de la katana, donde cada borde corta y cada título cae con peso.