La pintura de mandalas tántricos de Katmandú procede de la tradición de pintura paubha de los Newar del valle de Katmandú, donde maestros pintores anónimos muelen pigmentos minerales —cinabrio, pan de oro y lapislázuli— y los aplican sobre un fondo de índigo oscuro, casi negro. Cada forma se articula como un círculo consagrado a una deidad: un bindu central que irradia hacia fuera a través de anillos de loto, toranas cuadradas y bordes protectores de llamas, con inscripciones en escritura Ranjana.
Este sistema de diseño traslada esa simetría sagrada a una superficie digital: rellenos minerales mates, contornos dorados de trazo finísimo y una geometría radial estrictamente centrada que se percibe como un cosmograma elaborado a mano con pigmentos minerales, no como un póster plano.