Tras la declaración de independencia de 1948, puedes ver cómo una generación de diseñadores formados en Europa construyó una identidad visual para la nueva nación a partir de la gramática Bauhaus importada. Franz Kraus y Otte Wallish —emigrantes que llevaron consigo el funcionalismo centroeuropeo— compusieron carteles turísticos y nacionales como planos geométricos contundentes: círculos, barras y diagonales encajados sobre un campo de azul absoluto y saturado.
La obra es plana, como pintada al gouache, y presenta un contraste muy marcado. La nítida tipografía hebrea de palo seco para titulares, precursora de Frank-Ruehl y Narkis Block, coloca los eslóganes en blanco sobre el azul nacional, y solo el ocre del gouache y el verde agrícola aportan calidez. Nada es decorativo; cada forma sigue al mensaje. Con este sistema, llevas a la pantalla ese lenguaje de carteles estatales en azul y blanco: plano, funcional y descaradamente moderno.