Con Jerusalem Stone Gray, partes de la caliza meleke pálida y labrada que, a raíz del plan maestro de McLean de 1918 y de la ordenanza de fachadas del gobernador Storrs, ha revestido todos los edificios de Jerusalén durante un siglo. Al contemplarla trabajada a mano y bañada por la sombra, la piedra revela un gris beige neutro y frío: desaturado, nunca dorado, nunca marfil. El sistema es cívico y monumental: hiladas de sillería, textura cincelada, mayúsculas con serifas grabadas y la calma deliberada de una cantería contenida.