La línea M1 corre a poca profundidad bajo la avenida Andrássy —tan poco profunda que sus andenes son anchos y bajos, y cada superficie queda al alcance de la mano—. Esa cercanía es la razón por la que la línea se construyó en cerámica vidriada: un zócalo castaño oscuro de Zsolnay contra el que apoyarse, un campo de azulejo blanco encima, y los nombres de las estaciones cocidos en la arcilla en Pécs, no pintados sobre ella.
Este sistema toma el castaño como fondo, no el blanco. La tipografía es clara sobre el castaño, el campo de azulejo aparece como una banda y nunca como una página entera, y el amarillo de la línea se lee como un color de señal plano. El ornamento se queda donde vive en las estaciones: capiteles de columna, marcos de señalética, motivos de esquina.