The Great Gatsby (1925) convierte la era del jazz en un sistema de diseño: pan de oro que respira sobre negro de medianoche, evocando la cubierta original de Francis Cugat, donde dos ojos celestiales flotaban sobre una noche que pasaba del azul cobalto al negro, encima de luces de carnaval ardientes. Es el Art Deco en su versión más romántica y más condenada: geometría de champán, abanicos de rayos solares, marcos de zigurat escalonados y una luz verde brillando al final de un muelle muy largo.
Todo aquí es simétrico, todo está dorado y todo parece a una mala decisión del derrumbe. Laca negra, incrustaciones doradas, mayúsculas grabadas y dos ojos enormes observando desde la oscuridad. Sirve el champán, atenúa la habitación hasta volverla dorada y finge que la mañana no llega.