Orange Crush es el refresco cálido del sábado por la tarde cuyo lenguaje visual no cambia desde 1906: ilustración de naranja cortada, logotipo en escritura fluida y banda mandarina saturada que convierte cada superficie en una postal de una gasolinera de Florida. Este sistema captura esa herencia de etiqueta ilustrada: texturas de papel crema, acentos verde bosque de hojas y esquinas redondeadas que evocan la silueta curva de la botella de vidrio.