Cooper Black es la tipografía de serifa redondeada y ultragruesa que Oswald Cooper diseñó en 1922: trazos gruesos, contraformas casi cerradas y remates en forma de lágrima; una letra hecha para gritar en voz baja. Encontró una segunda vida en las carpetas desplegables de los discos de finales de los sesenta y los setenta, donde las letras en naranja quemado descansaban sobre un soporte de cartón prensado, oscuro y terroso. Con este sistema reconstruyes aquella funda: un fondo del tono oscuro del papel de estraza, palabras de titular suaves y sobredimensionadas, y tinta cálida de semitono. La lees como una portada de Pet Sounds, no como una presentación corporativa: cada panel es una pieza de cartón impreso.