El periódico de gran formato de comienzos del siglo XX era una máquina de lectura: pulpa de madera oxidada impresa con tinta grasa negro de humo, dividida en columnas compactas por líneas verticales y jerarquías de titulares. Una cabecera de madera o letra gótica coronaba la portada; serif escocesas y modernas llenaban las columnas inferiores.
Este sistema reconstruye esa densidad y autoridad. Papel tostado cálido, tinta carbón casi negra, líneas finas, capitulares y entradillas condensadas: cada superficie se lee como noticia impresa, arraigada en la materialidad de la pulpa y la tinta y no en píxeles.