El lenguaje visual de Amazon es el antidiseño elevado a doctrina. La flecha-sonrisa naranja, la interfaz azul marino y las apretadas retículas de productos apenas han cambiado desde 2003, no por descuido, sino por una implacable optimización A/B que demostró que lo feo vende. Cada píxel sirve a la conversión.
El sistema trata la densidad informativa como una virtud: valoraciones con estrellas, distintivos Prime, precios de oferta en rojo y botones «Buy Now» naranjas compiten por la atención dentro de una retícula deliberadamente atestada. Es la lógica del pasillo de Walmart aplicada a las pantallas.