Los libros iluminados de William Blake son el objeto visual-literario más extraño de la Ilustración inglesa. Trabajando solo en Londres desde 1788, inventó un grabado en relieve: escribía poemas con reserva sobre cobre, eliminaba lo demás con ácido y, junto a Catherine, imprimía y coloreaba cada copia a mano.
Cada página es una composición única donde texto, enredaderas marginales, lenguas de fuego y figuras angélicas desnudas fluyen como un organismo. Índigo, carmesí y ocre dorado reposan sobre papel cálido. La página es una visión; todo debe respirar unido.