Un sistema de diseño construido a partir de la gravedad visual de la película de Coppola de 1972 y la cubierta de libro con hilos de marioneta de S. Neil Fujita: negro casi absoluto, la calidez de una lámpara de latón reunida en pequeñas islas y una única rosa color sangre de buey que se abre paso en la oscuridad. Gordon Willis iluminó los interiores con tanta subexposición que los críticos lo llamaron el Príncipe de las Tinieblas. Este sistema hereda esa contención: serifas funerarias de alto contraste, espacio negativo tratado como sombra en lugar de vacío y rojo sangre reservado para un único acento decisivo. Nada es estridente. El poder está en lo que se retiene.