La sala de control de un submarino «configurada para la luz roja» es uno de los interiores más extraños que ha producido el diseño industrial: una cámara de acero bañada en una luz roja de emergencia intensa para preservar la visión nocturna de la tripulación y evitar que se escape cualquier resplandor por el periscopio. Los herrajes permanecen en un gris acero frío; el rojo pertenece únicamente a la iluminación, que convierte una sala casi negra en una única luz principal carmesí.
Este sistema de diseño destila esa doctrina —diales circulares retroiluminados, colectores de válvulas y paneles de acero cepillado que brillan bajo una luz roja uniforme— en una interfaz tenue, analógica y de precisión instrumental.