Stefan Sagmeister trata el cuerpo, la calle y el mundo físico como superficies de diseño. El cartel AIGA Detroit de 1999, con la información del evento cortada en su propio torso, resume su tesis: el diseño debe hacerte sentir algo, incluso incomodidad. Las letras se construyen con plátanos, piel, hilo cosido, papel rasgado y sellos entintados.
Su lenguaje es manual, a menudo doloroso y siempre inolvidable. Los colores nacen de los materiales: rosa carne, sangre seca, amarillo plátano, crema papel y negro tinta. Las retículas se rompen, los bordes quedan crudos y la escala salta de lo íntimo a lo monumental. El ordenador documenta; nunca firma la obra.