Snowy Owl Tundra toma su tono de una lámina de museo: un solo ave de plumaje blanco casi inmaculado sostenida por un generoso espacio negativo, sobre el gris azulado pálido y frío de un cielo polar en lugar del crema del papel. Las franjas color carbón y las pequeñas motas aportan textura; líneas finísimas rotulan la lámina.
Todo el campo se mantiene deliberadamente frío y luminoso. Solo se permite una calidez: el penetrante amarillo limón del ojo, bordeado por un tono casi negro. Ese único acento de señal lleva todas las llamadas a la acción sobre el blanco de las plumas y el fondo gris pizarra.