*Loveless* de My Bloody Valentine no solo redefinió la música de guitarra: redefinió lo que podía sentirse ante una portada de álbum. Kevin Shields y el fotógrafo Angus Cameron enterraron una guitarra de brazo de trémolo en un desenfoque de movimiento rosa intenso hasta convertir la imagen en sensación pura: sin texto legible ni punto focal, solo color disuelto en ruido.
Este sistema de diseño traslada aquel lenguaje de portada a la interfaz: tonos fotográficos deslavados sobre cartulina tostada, texto que susurra en lugar de gritar, baños de rosa suave donde normalmente caerían sombras nítidas y la sensación omnipresente de ver cada elemento a través de vidrio esmerilado al anochecer.