Los arrozales inundados de Longji, en Guangxi, son espejos de agua escalonados, tallados en la ladera por los pueblos Zhuang y Yao durante unos 650 años. Al atardecer, los campos que siguen las curvas de nivel se vuelven láminas de agua verde en sombra que guardan la niebla y la última luz gris azulada del cielo.
Este sistema parte de ese suelo crepuscular: un verde profundo de arrozal, nunca un cielo blanco, superpuesto con verdes de brote, salvia brumosa, beige de arroz maduro y azul frío de espejo de agua. Las serifas de Asia oriental y la caligrafía a pincel transmiten la voz agraria de Asia oriental.