La hojalata mexicana —«la plata del pobre»— es el oficio popular anterior a 1900 de perforar y repujar láminas de estaño para crear espejos, marcos y adornos, practicado en Oaxaca y San Miguel de Allende. El estaño brillante y reflectante se percibe como plata fría; los puntos perforados y los fondos hundidos se leen como sombra oscura.
Este sistema de diseño traslada ese trabajo de metal a la pantalla: un fondo oscuro de estaño oxidado sobre el que se recorta el patrón perforado, brillos de plata de estaño, bordes repujados con puntos y lacas translúcidas de chile, cobalto y caléndula superpuestas sobre metal reflectante.