Prada es la casa modernista más contenida de Milán: una marca de lujo construida sobre rechazo intelectual, no ornamento. El lenguaje visual es negro puro, blanco puro, sans serif geométrica austera y raros acentos de color «feo a propósito» que delatan la disciplina antidecorativa de Miuccia Prada.
La estética parece una tienda Epicenter de Rem Koolhaas: esquinas afiladas, espacio blanco generoso, precisión industrial, sin redondeo, suavidad ni sentimentalismo. Es lujo que exige trabajo para leerse, y ese es el punto.