Comerciantes, agentes y oficiales tenían papel de libro de cuentas sobrante. Los artistas de las llanuras tenían una tradición narrativa que llevaba generaciones plasmándose sobre piel. Lo que surgió de ese encuentro es el arte de libro de cuentas: procesiones horizontales de jinetes, dibujados con contorno duro y rellenos planos, colocados directamente sobre columnas de dinero impresas.
La cuadrícula nunca queda cubierta de pintura. Las líneas azules horizontales y las líneas rojas de columna atraviesan de lleno al caballo y al jinete, y el dibujo se compone contra ellas. El color llega a la saturación del lápiz y el crayón porque eso es lo que había en la caja: nada aquí pretendió jamás parecer pintura.