El 19 de julio de 1979, el Frente Sandinista entró en Managua y encendió uno de los movimientos de serigrafía política más prolíficos de América Latina. Bajo el Ministerio de Cultura de Ernesto Cardenal, los talleres produjeron decenas de miles de carteles a dos colores —rojo sangre sobre negro azabache en papel prensa barato— para campañas de alfabetización, movilización contra la Contra y celebración revolucionaria.
Este sistema captura esa disciplina cruda: bloques planos, retratos en matriz de puntos de semitono, tipografía de esténcil cortada a mano y la emblemática silueta del sombrero de Sandino. Cada superficie parece una impresión recién levantada, con sangrado de tinta e imperfecciones de registro visibles.
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