Mountain Dew Citrus Green embotella la estética de los refrescos de finales de los años ochenta y de los noventa: líquido carbonatado amarillo verdoso eléctrico, un swoosh rojo de «DEW» y un fondo oscuro de lata que hace resaltar el lima. Es estridente, cargado de cafeína y dinámico: salpicaduras de burbujas, la energía de un logotipo en cursiva y el choque de un verde saturado contra el rojo.
Su voz dice «Do the Dew»: de alto octanaje, imposible de pasar por alto, hecha para monopatines y BMX, no para salas de juntas. Cada superficie tiene el brillo y la efervescencia de un supermercado, nunca un aire apagado ni artesanal.