El papel picado es la tradición popular mexicana en la que los artesanos perforan diseños elaborados en pilas de papel de seda de vivos colores mediante mazos y cinceles, y después ensartan los banderines en guirnaldas sobre plazas e iglesias. Este sistema captura ese estallido de seda rosa intenso, turquesa, magenta y amarilla contra papel crema y cielo azul, con la imperfección del corte manual y el movimiento ondulado por el viento que da vida a cada fiesta.
El lenguaje de diseño procede de San Salvador Huixcolotla, Puebla, el pueblo considerado capital del papel picado, donde la familia Vivanco practica el oficio desde la década de 1920. Cada superficie porta la textura de la fibra de seda, la geometría de los banderines rectangulares y la saturación festiva de cuatro o más colores usados a la vez.