El papel amate de corteza es una de las pocas tradiciones artesanales precolombinas que han sobrevivido sin interrupción en América. Los artesanos otomíes desprenden, hierven y golpean corteza de higuera hasta formar gruesas hojas fibrosas; el material sostuvo códices aztecas y manuscritos mayas durante más de un milenio antes de que los colonizadores españoles prohibieran su producción.
El renacimiento de la década de 1960 llevó a pintores nahuas del estado de Guerrero a cubrir las ásperas hojas marrones con escenas brillantes de la vida aldeana: aves posadas en ramas floridas, agricultores en milpas y bailarines festivos en rosas y amarillos saturados. Este sistema de diseño captura ambos registros: la materialidad terrosa y fibrosa del propio papel y la viva paleta popular pintada sobre él.