Los carteles de lucha libre son el vocabulario gráfico más estridente de la cultura impresa latinoamericana. Nacidos de la promoción de combates en la Ciudad de México entre las décadas de 1960 y 1980, cada pliego abarrota un eje diagonal con enormes letras dibujadas a mano, siluetas de luchadores enmascarados y una paleta saturada de rojo, amarillo, azul y plata, todo pensado para llamar la atención desde el otro lado de una calle polvorienta.
Este sistema de diseño lleva esa energía maximalista al ámbito digital: fondos de negro puro, bandas de titulares amarillo fluorescente, etiquetas de precio diagonales carmesí, acentos azul cobalto y la geometría de esquinas afiladas de un volante serigrafiado para un evento. Sin redondeos ni disculpas.