La pintura candy es una profundidad en la que puedes mirar. Los personalizadores chicanos aplican morado candy translúcido sobre una base de escamas metálicas doradas o plateadas, para que la carrocería parezca una joya violeta profunda viva con reflejos cromados. Encima se añaden filetes trazados a mano con pan de oro, letras placa en Old English y nombres en caligrafía de pincel.
Nacido en los clubes automovilísticos del este de Los Ángeles, este es un oficio de capas y orgullo: el acabado nunca es plano, el morado nunca es mate y el fondo siempre es la carrocería candy oscura, jamás una superficie clara. La profundidad lo es todo.