Los carteles lituanos de teatro y cine de la época soviética son fotomontajes monocromos y sombríos: grises de carbón y de gelatina de plata, impresos con la profundidad de un fotograbado, nunca sobre papel claro. Un solo rojo cardenal atraviesa la penumbra, mientras una rotulación dibujada a mano, expresiva y distorsionada, se deforma y rompe la retícula.
Este sistema te ofrece esa atmósfera granulosa y de alto contraste convertida en un lenguaje de diseño digital: un campo casi negro, un único acento cromático y una tipografía de titulares, condensada y dramática, que evoca las letras psicodélicas y transgresoras de los originales.