Un lenguaje visual extraído de la pintura más suave jamás creada: la Mona Lisa de Leonardo, donde ninguna línea se impone y cada contorno se desvanece como el humo. Toma el sfumato como gramática completa: degradados del ocre al sombra sin ninguna costura, sombras marrones cálidas que se funden en lugar de detenerse y un rostro que emerge de una bruma atmosférica, igual que ella aflora desde aquel valle imposible.
Todo descansa en la penumbra profunda y barnizada de la Salle des États del Louvre: un pequeño panel de álamo que resplandece contra muros de sombra, contornos apenas sugeridos y la cualidad entre vuelta y vuelta de un retrato que no termina de decirte qué está pensando. La instrucción es sencilla: no dibujes ningún contorno, deja que la forma surja de la sombra y deja que te acerques para mirar.