Cada otoño, las terrazas de las tierras altas de Pampore, en Kashmir, se convierten en una alfombra de azafrán: campos de pétalos que van del violeta al lavanda, extendidos sobre la tierra gris de las terrazas bajo la niebla montañosa. Dentro de cada flor de seis pétalos se esconde un estigma rojo anaranjado, la chispa del azafrán que resalta sobre el morado dominante.
Este sistema de diseño destila ese paisaje: un fondo violeta profundo de pétalos apiñados, grises lavanda de las tierras altas cubiertas de niebla y un único acento naranja azafrán. La tipografía rinde homenaje a esa referencia surasiática mediante la escritura devanagari y serifas de alto contraste.