Los campos de lava ʻaʻā de Big Island, en Hawaiʻi, son ríos endurecidos de basalto rico en hierro: escombros negros, dentados y escoriáceos junto a la corteza lisa y acordonada de la pāhoehoe. La lava enfriada no se percibe como arena cálida, sino como auténtico carbón volcánico negro hierro, mate y áspero.
Este sistema de diseño destila esa geología en una interfaz: fondos casi negros, superficies gris clínker, tonos terrosos de ceniza tostada y erosionada, y el inusual resplandor cálido del rojo de escoria oxidada abriéndose paso. Una tipografía sans serif limpia y moderna se posa sobre una textura volcánica cruda y de aristas afiladas.