Haribo Goldbears es un lenguaje de diseño construido como una bolsa dorada recién rasgada: un fondo cálido de oro metalizado que evoca el icónico envoltorio y un arcoíris de colores de gominola que nunca son planos, sino siempre translúcidos, como si la luz atravesara el dulce, con cada borde capturando un suave destello brillante. La tipografía es gruesa, redondeada y sonriente: vocales hinchadas en letras de exhibición rojo frambuesa sobre el dorado, justo como en el logotipo. Todo es blandito. Botones de píldora, tarjetas amorfas, composiciones de caramelos dispersos donde los elementos se inclinan como ositos vertidos desde la bolsa; no hay ni una esquina dura, porque una esquina dura rompería la promesa. Nacido en la cocina de Hans Riegel en Bonn en 1922, es alegría infantil moldeada con precisión y empaquetada en dorado, donde cada píxel debe verse lo bastante apetecible como para comérselo.