En 1938, el Proyecto Federal de Arte de la WPA dividió el Gran Cañón en cinco planchas de tinta plana sin degradado: un cielo turquesa, un borde ocre, paredes de terracota que descienden a través del óxido y el malva hasta un río en sombra. Sin degradados, sin fotografía: cada estrato del cañón es su propia capa impresa, cada borde es un límite tan nítido como un corte de cuchillo, donde termina una pasada de rasqueta y empieza la siguiente.
Sobre los estratos se posa una tipografía de caseta de guardabosques: condensada, en mayúsculas, monumental, como la madera fresada de un cartel de entrada a un parque, junto a un único verbo en imperativo. Es la grandeza de la república hecha pública y barata: un cañón, cinco planchas, impreso para cada ciudadano y clavado en la pared de una estación de tren.