Ghost in the Shell (1995) es el aspecto de una máquina cuando sueña que tiene alma. La Nueva Ciudad Portuaria anegada de Oshii se representa como una capa de diagnóstico superpuesta sobre una ciudad fotografiada: lluvia de glifos de código verde fosforescente, trazos cian de esquemas, bloqueos de retícula ámbar, todo acumulado sobre cristal húmedo negro verdiazul. Todo se percibe diseñado, vigilado y silenciosamente melancólico: una pantalla de visualización frontal en la que has caído, no un póster.