Demolition Man (1993) imaginó el San Angeles de 2032 como una utopía diseñada al milímetro: un interior cívico estéril y reluciente, con curvas de vidrio en cian pastel y melocotón sobre cromo pulido y blanco. El crimen ha desaparecido, las palabrotas se multan y cada superficie irradia una salubridad asfixiante.
Este sistema de diseño destila ese futuro «limpio como Taco Bell»: fondos en cian pálido, acentos verde azulado de apariencia desinfectada, señalética cívica redondeada y la sutil inquietud de un mundo demasiado luminoso para inspirarte confianza. Todo es curvo, espacioso y deliberadamente amable.