Eugène Delacroix es el motor del Romanticismo francés: el pintor que, contra la línea neoclásica de Ingres, convirtió el óleo en melodrama operático saturado de sangre, donde cada pincelada es visible y cada composición culmina en un momento de triunfo o masacre. Desde Liberty Leading the People (1830) hasta Death of Sardanapalus, la obra es estandarte carmesí, cielo de humo, latón reluciente y vestuario norteafricano.
La estética dice que el color es la música y la línea apenas la letra. Las composiciones piramidales ascienden; las figuras recortadas se desbordan del marco; los bordes de filigrana dorada encuentran cortinajes burdeos; nada descansa en equilibrio sereno, todo está en el instante culminante de la acción.