OSPAAAL —la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina— convirtió la escasez de tinta de La Habana en uno de los lenguajes gráficos más electrizantes del siglo XX. Las prensas de serigrafía limitaban a los artistas a dos o tres colores planos por tirada, así que diseñadores como Alfredo Rostgaard y Olivio Martínez apostaron por siluetas contundentes, fotografías tratadas como carteles y tipografía de remates gruesos que gritaba, en lugar de matices. Doblados en cada número de la revista Tricontinental y enviados a más de 87 países, aquellos carteles difundieron mensajes anticoloniales y antiimperialistas sobre un fondo negro intenso, con sobreimpresiones cian, doradas y rojas revolucionarias. El estilo resulta urgente, producido en masa y deliberadamente áspero: propaganda hecha para la pared, no para la galería.