Brazil es la retro-distopía de Terry Gilliam de 1985: el Ministerio de Información representado como una burocracia gris verdosa y monótona, atestada de conductos ondulados e iluminada por fríos fluorescentes. Es un mundo art déco de los años 40 deformado por el desorden de tubos neumáticos, tubos de rayos catódicos con lupa atornillados sobre máquinas de escribir, y un papeleo interminable en carpetas de manila.
Este sistema de diseño destila ese estado-máquina sombrío, atestado y ajetreado en un lenguaje de interfaz: fondos de hormigón tiznado, metal pintado y mugriento, la densidad de los formularios sellados, y una calidez que solo habita en las viejas carpetas de manila y los archivos ocres, nunca en el aire mismo.